La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, anunció oficialmente el 25 de mayo la elaboración de un presupuesto suplementario superior a los 3 billones de yenes para el año fiscal 2026. El objetivo del paquete es enfrentar el aumento de precios y las consecuencias económicas derivadas de la prolongada crisis en Medio Oriente.
Fuentes gubernamentales señalan que Takaichi mostró especial preocupación por evitar turbulencias en el mercado financiero japonés durante la preparación del plan.
El financiamiento se realizará mediante bonos deficitarios del gobierno, aunque el Ejecutivo asegura que utilizará únicamente bonos previamente autorizados que finalmente no fueron emitidos.
Durante una conferencia de prensa, Takaichi declaró:
“Gracias al aumento de la recaudación fiscal y a gastos que no fueron ejecutados, parte de los bonos especiales previstos anteriormente ya no necesitarán emitirse. Por ello podemos reutilizar esos recursos sin aumentar el volumen total de deuda en el mercado.”
La declaración buscó transmitir responsabilidad fiscal y tranquilidad a los inversionistas.
Sin embargo, funcionarios del gobierno revelaron que la mandataria inicialmente contempló un paquete aún mayor, cercano a los 3,5 billones de yenes. El Ministerio de Finanzas habría trabajado intensamente para encontrar recursos sin provocar una expansión visible de la deuda pública.
La solución final consistió en reutilizar aproximadamente 3 billones de yenes en bonos deficitarios autorizados el año anterior pero no utilizados debido a mayores ingresos fiscales y reducción de gastos públicos.
Según un alto funcionario económico:
“El gobierno buscó una fórmula que redujera el impacto psicológico en los mercados. Utilizar bonos ya autorizados facilita la explicación pública.”
Dos factores principales influyeron en la decisión de Takaichi.
El primero fue el fuerte aumento en los rendimientos de los bonos japoneses. El 18 de mayo, cuando comenzaron los rumores sobre el presupuesto suplementario, el rendimiento de los bonos a 30 años alcanzó el 4,2%, el nivel más alto de la historia. Los bonos a 10 años llegaron al 2,8%, máximo en casi tres décadas.
El segundo factor fue la cobertura mediática sobre la crisis de escasez de nafta. Aunque el gobierno insiste en que el suministro nacional está garantizado, empresas japonesas ya comenzaron a modificar empaques y reorganizar cadenas de suministro debido a la falta de materiales petroquímicos.
Fuentes cercanas al gabinete afirman que Takaichi está frustrada con la prensa.
“Ella considera que el gobierno intenta transmitir calma, pero los medios destacan principalmente las señales visibles de crisis”, explicó un funcionario.
Dentro del Partido Liberal Democrático también existen preocupaciones sobre el aumento del gasto público y el futuro financiamiento estatal.
Un legislador veterano afirmó:
“Aunque se utilicen bonos previamente autorizados, el gasto sigue aumentando. Tarde o temprano será necesario debatir seriamente cómo financiar las futuras políticas.”
Analistas financieros consideran que la estrategia ayudó a evitar una reacción inmediata del mercado, aunque advierten que Japón enfrentará desafíos fiscales mucho mayores en los próximos meses.
Eiji Doke, estratega jefe de bonos de SBI Securities, declaró:
“Quedó claro que la primera ministra está muy preocupada por el aumento de las tasas de interés de largo plazo. La medida ayudó a estabilizar temporalmente el mercado.”
No obstante, advirtió que Japón todavía deberá financiar inversiones estratégicas, políticas de crecimiento económico y posibles costos relacionados con la cooperación militar con Estados Unidos en caso de una escalada del conflicto con Irán.
Expertos señalan que, si futuros estímulos vuelven a financiarse mediante deuda deficitária, la reacción de los mercados podría ser mucho más severa.
Foto: La primera ministra Sanae Takaichi durante una visita oficial en Canberra, Australia, el 3 de mayo.
Crédito: REUTERS/Hollie Adams
