Japón atraviesa una creciente crisis causada por la escasez de nafta, materia prima fundamental para la industria petroquímica y numerosos productos industriales. Durante el primer debate parlamentario entre líderes partidarios celebrado el 20 de mayo, el tema se convirtió en uno de los principales focos de tensión política para el gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi.

A pesar de las preocupaciones, Takaichi aseguró nuevamente que “el volumen total es suficiente” y atribuyó los problemas actuales a fallas logísticas y bloqueos en la distribución.

Sin embargo, varias empresas privadas ya comenzaron a adoptar medidas de emergencia. La compañía Calbee anunció que algunos empaques de papas fritas pasarán de impresión a color a diseños monocromáticos, mientras que Kagome informó que sus sobres de ketchup serán transparentes para ahorrar solventes derivados de la nafta.

La crisis se agravó después de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero, lo que provocó el cierre del Estrecho de Ormuz. Japón depende en gran medida del Medio Oriente para importar petróleo y derivados petroquímicos, incluida la nafta.

Durante el debate parlamentario, el líder opositor Junya Ogawa criticó la respuesta gubernamental:

“La escasez de nafta está provocando dificultades para conseguir materiales, aumento de precios, retrasos en entregas, deterioro financiero y aumento de costos laborales. Empresas de todos los sectores están sufriendo.”

La primera ministra respondió que el gobierno está monitoreando los “cuellos de botella en la distribución” y trabajando junto al Ministerio de Economía, Comercio e Industria.

No obstante, empresarios afirman que la situación real es mucho más grave. Constructoras y empresas de remodelación reportan falta de pinturas, adhesivos, solventes y materiales derivados de resinas. También comienzan a escasear cocinas modulares, bañeras y superficies sintéticas.

Un empresario del sector de remodelación en la región de Chugoku declaró:

“Los distribuidores están priorizando a grandes cadenas que pueden pagar en efectivo. Las pequeñas y medianas empresas quedan relegadas. El problema no es solo el precio, sino si los materiales seguirán llegando.”

La crisis también afecta al sector turístico. Una posada termal del noreste de Japón informó dificultades para conseguir combustible sólido utilizado en las comidas calientes tradicionales.

Además de la nafta, el suministro de metanol desde Arabia Saudita también se ha visto interrumpido.

Especialistas advierten que la situación podría empeorar a partir de junio, con nuevos aumentos de precios y un incremento significativo en las quiebras empresariales.

Kosuke Honma, analista de Tokyo Shoko Research, señaló:

“Las quiebras comenzaron a aumentar desde 2023, cuando las ayudas implementadas durante la pandemia empezaron a desaparecer. Ahora, la inflación, la falta de mano de obra, la depreciación del yen y las tensiones en Medio Oriente agravan aún más la situación.”

Encuestas recientes muestran además un desgaste político del gobierno. Un sondeo del diario Yomiuri reveló que el 64% de la población no confía en las explicaciones oficiales sobre la crisis. Otra encuesta de Mainichi indicó que la aprobación del gabinete cayó al 50%, el nivel más bajo desde el inicio del mandato de Takaichi.

Analistas consideran que el gobierno intenta evitar el pánico social, aunque críticos sostienen que deberían implementarse medidas de ahorro y transparencia antes de que la crisis empeore.